Testimonio de VIDA

Susana es hija de una profesora del Colegio Dominicas Vistabella. Terminó su carrera de enfermería y como no había en el verano Cuetjoven, y ante su interés y disponibilidad para participar en algún lugar como voluntaria, vimos la posibilidad de que compartiera esta experiencia en el hospital San Martín de Porres. Estaba todavía Cristina al frente y con mucho cariño acogió esta propuesta… Ella nos comparte su experiencia.
Mi experiencia en África
Desde siempre, África ha sido, es y seguirá siendo uno de los lugares más maravilloso del mundo, desde mi punto de vista. Hay dos cosas con las que siempre he soñado; hacer la carrera de enfermería, y tener la oportunidad de conocer África e impregnarme de toda su vida y locura.
La primera vez que fui a África, Camerún en concreto, tenía 17 años, recién acabado el colegio y con ganas de comerme el mundo, antes de empezar la que dicen que es la mejor etapa de la vida, la universidad. Estaba expectante de lo que me iba a encontrar, ansiosa de pisar esa tierra rojiza que aparecen en mil fotos del continente, con ganas de conocer a la gente y su forma de vida. Y ahora, cuatro años más tarde, me volvieron a dar la oportunidad de volver a ese lugar que me pareció tan mágico desde un principio, y claramente, sin ningún preámbulo, acepté, así que ya pueden imaginarse lo que significa ese lugar, ese país, ese continente, África, para mí. Después de haber terminado esa gran etapa, y con una carrera a mi espalda, que no me puede encantar más, pude por fin decir que conseguí juntar mis dos pasiones: la enfermería y África.

Nunca es fácil adaptarte a un ambiente nuevo, a una cultura diferente, a una forma de trabajo y a un lenguaje que prácticamente no conoces, pero entre que has ido ahí por voluntad propia, y que la gente te acoge como si fueses una más, no hay preocupación ni excusas que valgan.
Camerún es considerado como la “África en miniatura”, ya que su diversidad geológica, cultural y su población hacen que te encuentres una pequeña África en su interior, sus selvas te hacen pensar que estas en una parte del Amazonas, y sus playas te llevan a otro mundo completamente contrario. Mientras que en las calles de las grandes ciudades el caos se apodera de ti, en las colinas a su alrededor puedes encontrar la paz más grande que hayas experimentado, y una sensación de tranquilidad completa que te recorre el cuerpo y te hace querer quedarte ahí para siempre, mirando desde lo alto de la cumbre como el caos y el desorden corren por doquier.

Yaundé (en francés Yaoundé) es la capital de Camerún y se divide en los llamados “quartiers” (distritos). El hospital Saint Martin de Porrès, de la congregación de las Hermanas Dominicanas se encuentra en Mvog-Betsi, en una colina a unos 10-15 minutos del centro de la ciudad. Es uno de los quartiers más pobres de Yaundé, con un acceso tremendamente complicado, pero donde se encuentra uno de los hospitales más reconocidos de la ciudad.
El hospital se ha convertido en todo un referente de buen trabajo y buena atención hacia los pacientes y los ciudadanos que no pueden permitirse la sanidad. Han conseguido convertir lo que era un hospital pequeño y en proceso de desarrollo, en un hospital cada vez más grande y con una organización muy admirable. Con toda la pobreza que hay a su alrededor, han sido capaces de darle a la población un lugar que saben que pueden ir ahí si en algún momento lo necesitan.

Hay algo que me sorprendió mucho durante mi estancia, y es que, en el hospital, por muy mal que lo estén pasando los pacientes o los familiares, siempre iban con su ropa típica llena de color, y aunque sea su costumbre, siempre me parecía que eso le daba muchísima vida y alegría al lugar. Al final, las circunstancias en las que se encuentran esa gente son muy precarias, pero siempre te dan una sonrisa, siempre intentan que estés cómoda e integrarte lo mejor posible. Me he ido dándome cuenta de que siempre vas a estos lugares con la idea de dar todo lo que puedas de ti, sin darte cuenta de que al final acabas recibiendo muchísimo más por parte de ellos.

Cualquier persona que me pregunte si es buena idea o no ir, si lo recomendaría o si volvería a ir, les doy un rotundo SÍ. Es una de las experiencias más enriquecedoras por las que una persona pueda pasar, sea enfermera, médico, ingeniero o agricultor. No hace falta tener carreras de ciencias de la salud para darse a los demás, cada uno puede ayudar con su granito de arena, y será entonces cuando entiendan lo que siente yo por esas tierras, por esa gente.
Y todo esto, sin antes darles las gracias a la Congregación, quienes han hecho esto posible, ya que, sin ellas, sin su constancia y perseverancia, poco se habría conseguido.

(Susana Roca)
 

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